Manifesto para la Cooperación Integral: una perspectiva sociocrática

Por: Eric Tolson

Los seres humanos se organizan en grupos para alcanzar objetivos comunes.

La sociocracia y el cooperativismo parten de la misma premisa: los seres humanos prosperamos como animales sociales. Quizás sea la cooperación nuestro rasgo más característico como seres vivos. Las personas nos necesitamos las unas a las otras. Ningún éxito humano es llevado a cabo de forma aislada por una sola persona. Desde el comienzo de nuestra especie nos hemos relacionado de forma cooperativa y, aún, seguimos descubriendo cómo hacerlo mejor. No cabe duda de que podríamos mejorar, y la sociocracia nos ilustra al atender este reto.

Sociocracia (también llamada gestión dinámica) quiere decir “gobernanza de los socios”, entendiendo socios como aquellas personas que se asocian. Dicho en otras palabras: si entras a participar, tienes una voz en la toma de decisiones. Esto se alinea con la definición de la Alianza Cooperativa Internacional (ACI) de qué es una cooperativa: “Una cooperativa es una asociación autónoma de personas unidas voluntariamente para satisfacer sus necesidades y aspiraciones comunes en materia económica, social y cultural, mediante una empresa de propiedad conjunta y de gestión democrática.”

Así mismo, asociarnos con otras personas y conformar grupos para la satisfacción de necesidades y aspiraciones parece ser una necesidad humana, a su vez. La cooperación y conexión social son tanto el fin como los medios de la actividad humana.

Para redactar este texto, dividimos la sociocracia en tres elementos clave (intencionalidad, equivalencia, y transparencia) y la integramos con la Identidad Cooperativa. Juntas, construyen el marco para la cooperación integral.

Las intenciones mueven la cooperación integral.

Para alcanzar el éxito hay que definir qué es éxito. Las cooperativas y las organizaciones sociocráticas se caracterizan por ser esfuerzos impulsados por una misión. Sus valores y principios les dan forma, y los guía también un objetivo: un propósito común entorno al cual los miembros se han asociado para lograr juntos. Los objetivos comunes son metas compartidas que unen a la gente en grupos. En la sociocracia, le llamamos a estos grupos de personas “círculos,” que son las células básicas que conforman organizaciones.

Los círculos ponen en vigor acuerdos consentidos para alcanzar sus objetivos. Los acuerdos son co-creados e implementados por cada círculo para facilitarles la realización de sus objetivos. Los objetivos de un círculo determinan su dominio (área de influencia o autoridad) dentro de una organización, otorgándole la Autonomía e Independencia (Principio Cooperativo número 4) para tomar decisiones por consentimiento alrededor de su foco de actividades. Por ejemplo, una organización grande se vuelve más efectiva si sólo los miembros con experiencia e interés en software están tomando las decisiones sobre cómo gestionar el software de la organización.

La intencionalidad florece mejor en un ambiente rico en retroalimentación. Dentro de nuestros círculos queremos que nuestros objetivos, nuestros acuerdos, y nuestro trabajo sean evaluados. Por lo cual, les ponemos términos de reevaluación. Creemos que si algo vale la pena llevar a cabo, también vale la pena evaluarlo. Esto invita a todo miembro de la organización a contribuir lo mejor posible a nuestros esfuerzos, llenando el propósito detrás del Principio Cooperativo número 5: Educación, Formación e Información. Sólo el círculo de software tiene la autoridad para implementar acuerdos decisivos sobre el software, pero sólo lo hacen con niveles apropiados de retroalimentación informando sobre su decisión.

En la gestión dinámica, la idea de eficiencia se vuelve enriquecida al integrar un enfoque cualitativo y no meramente cuantitativo.

La equivalencia es un precepto básico para la cooperación integral.

Queremos que la voz de cada persona sea escuchada. Retomamos los valores cooperativos de igualdad y equidad para construir una sociedad libre: una a la que toda persona sienta que pertenece. Se siente bien ser escuchada; es la manera en la una persona se valida ante otra y ante un grupo. Cuando las necesidades de cada miembro de la comunidad son tomadas en cuenta, los objetivos se vuelven más fáciles de conseguir. Después de todo, ¡el propósito completo de nuestros esfuerzos cooperativos es la satisfacción de nuestras necesidades!

Creemos que el verdadero Control Democrático de los Miembros (Principio Cooperativo número 2) depende de una participación mucho más profunda que el simple acto de votar. Así como la liberación se vive en el comportamiento cotidiano de los seres humanos, la democracia debería también manifestarse en las operaciones habituales de una cooperativa. El involucramiento sentimental y emocional de los miembros se vuelve una pieza clave para lograr la efectividad en una organización. Dos poderosas y simples herramientas sociocráticas para ejercer esto son el “consentimiento” y las “rondas:”

Consentimiento: Trascendiendo el ethos de “un miembro, un voto,” practicamos el de “un miembro, una voz”. Votar siempre crea una dicotomía de ganadores y perdedores. En contraste, la gestión dinámica promueve el consentimiento. Consentimiento quiere decir que a nadie se le ignora y todas las voces son escuchadas. Se necesita la voz de un sólo miembro para objetar a una propuesta. Las objeciones se hacen con base en los objetivos comunes de un grupo para diferenciarlas de las preferencias personales. El grupo sujeta con cariño las necesidades y preocupaciones subyacentes en cada objeción. Enmiendan conjuntamente la propuesta para continuar su trabajo hacia objetivos comunes. Sólo podemos seguir adelante si tenemos el consentimiento de todos los miembros (o sea que nadie tiene objeciones).

Rondas: Los círculos operan con mayor eficiencia cuando participamos en rondas durante las reuniones. Esto no sólo permite a todos los miembros contribuir, si no que también promueve la escucha activa. En una ronda, tenemos la certidumbre de que tendremos nuestro turno para hablar. El método deliberativo sociocrático, con herramientas de facilitación como las rondas y el consentimiento, nos permiten acceder al potencial colectivo de la inteligencia grupal con mayor consistencia.

Tomamos el valor cooperativo de “respeto hacia los demás” para redefinir la equidad, la igualdad y la democracia. Como parte nuestro grupo, respeto tus necesidades, tus sentimientos, tus inquietudes. Nuestras organizaciones ya no tienen que encontrar un balance entre la eficienciacia y la horizontalidad: tienen que empezar a ver ambas como la misma cosa.

Manifiesto red

La transparencia facilita la cooperación integral.

El proceso que utilizamos para seleccionar roles en nuestros círculos es particularmente ilustrativo de la aproximación metodológica que tiene la sociocracia a la eficiencia y la transparencia. Todo el grupo participa (en rondas) aclarando el panorama de qué requerimientos tendrá cada rol. Los miembros del círculo enuncian sus nominaciones de forma abierta y explican su razonamiento detrás de la nominación. Y, por supuesto, una persona seleccionada debe indicar si da su consentimiento cuando es elegida, ya que toda participación es Voluntaria y Abierta (Principio Cooperativo número 1).

Nuestras organizaciones también enfatizan la retroalimentación a un nivel estructural más amplio. Si bien cada círculo tiene autonomía e independencia dentro de su dominio, también reconocemos la interdependencia inherente que yace en el Principio Cooperativo número 6: Cooperación entre Cooperativas. Enlazamos los diferentes círculos que conforman nuestras organizaciones a través de dos participantes. Queremos que la información fluya transparentemente entre círculos, para coordinar apoyo mutuo en el trabajo y las decisiones en nuestros esfuerzos cooperativos.

Para mejorar el flujo de información, la sociocracia usa una herramienta llamada “doble enlace”; el vínculo entre dos círculos relacionados son dos personas que son miembros participantes de ambos círculos. Una persona se encarga del flujo de información en una dirección, mientras la otra persona la canaliza en la dirección opuesta: el intercambio se vuelve recíproco y ambas partes se complementan. Nuestros círculos están entretejidos por la participación de las personas, directamente de sus voces y sus experiencias, encarnando los valores cooperativos de honestidad y actitud receptiva.

La danza entre la autonomía y la interdependencia es lo que hace a la gestión dinámica un modelo tan adaptable a diversas escalas. Después de todo, la sociedad es el resultado de todas las organizaciones tejidas en un todo. La naturaleza fractal de la estructura de círculos entrelazados facilita la cooperación descentralizada a niveles locales, nacionales, regionales, e internacionales. La sociocracia podría actuar como el sistema operativo de una red distribuida de solidaridad: la infraestructura autogestiva de la economía cooperativa. La gran visión de una realidad cooperativa con la que sueña nuestra organización puede ser edificada por su estructura de gobernanza para ser expresada en sus operaciones cotidianas. Así, no sólo predicamos o aspiramos a la liberación colectiva, sino que la vivimos y respiramos rutinariamente en nuestras relaciones, nuestras acciones y nuestro comportamiento.

Otros mundos son posibles

Al delinear este artículo, consideramos mencionar el énfasis que la sociocracia coloca en la transparencia financiera para incluir la Participación Económica de los Miembros. Nos pareció más pertinente, sin embargo, honrar el Principio Cooperativo número 3 redefiniendo la participación económica: “El trabajo es el principal factor transformador de la naturaleza, de la sociedad y del propio ser humano.” Este concepto, tomado de la cooperativa Mondragon, nos incita a contemplar el enorme potencial transformativo de la autogestión: puede alcanzar mucho más allá de lo que hoy llamamos “el trabajo” y permear profundamente en la condición humana. Esta aproximación cooperativa de Mondragón, como tantas otras, encontró su éxito revolucionario en otorgarle a lxs trabajadorxs soberanía sobre su espacio de trabajo. Pero la gestión dinámica abarca más amplio aún: empodera a cada participante para transformar su entorno inmediato, convirtiendo a cada persona en co-creadora directa de su propia realidad colectiva. Este cambio de paradigma radical coloca la autogestión dinámica como una piedra angular en la construcción de una economía cooperativa y cultura de liberación.Manifiesto

Por último, el Sentimiento de Comunidad (Principio Cooperativo número 7) compone el corazón del cooperativismo y de la sociocracia. Toda persona tiene un ferviente deseo de pertenecer y de ser parte de algo más grande que ella misma. Queremos enriquecer nuestra vida enriqueciendo las vidas de las demás. La realización del bienestar individual a través de la contribución hacia el bienestar común nos muestra que la responsabilidad social es autorresponsabilidad.

La aparente tensión entre los valores cooperativos de autoayuda y respeto hacia las demás personas se resuelve con el balance que trae consigo la gestión dinámica. Le llamamos “integral” a este marco para la cooperación, porque integra todos estos valores y principios, herramientas y conceptos, sentimientos e ideas, en un todo pragmático. Sin predicarla como una panacea, esperamos que la sociocracia alumbre nuestro camino hacia una realidad cooperativa mientras hacemos el camino andando. Mientras seguimos luchando para crear un nuevo mundo: un mundo donde caben muchos mundos.